"Siempre imaginé que el Paraíso sería algún tipo de biblioteca", Jorge Luis Borges


1 de julio de 2010

Farewell (cuento)



Autor: Miguel Angel Fraga

Estuve toda la noche pensando si debía asistir a su despedida en la estación férrea. Me sorprendió el alba con la certeza de que tenía que estar, al menos diez minutos antes de las tres, hora en que partirá el tren Nº 472 con destino a Santiago de Cuba. Me preparo un frugal desayuno a las nueve de la mañana de hoy domingo y pienso en lo impostergable del compromiso. Me sorprenden las diez y las once convencido de que mi presencia en el lugar es obligatoria. Justo al mediodía me animo y me dirijo al armario pensando en el vestuario conveniente para tan conmovedor momento. A la una y media aún estoy frente al ropero, ahora con la duda si he de llevar saco y corbata o vestir ropa dominguera. Faltando una hora para la partida del tren Nº 472 con destino a Santiago de Cuba concluyo que es necesario, urgente, que acabe de vestirme de una vez. Las dos y treinta de la tarde. A esta altura vuelvo a dudar si mi presencia será oportuna y termino por no estar conforme con el nudo de la corbata. Intento la operación una docena de veces y acabo desistiendo de tan distinguida prenda. Quince para las tres; aún sin peinarme me planto ante el espejo decidido a todo. Vuelvo a mirar el reloj. Tres menos diez. A esta hora debía haber estado despidiéndole. De todos modos el camino a la estación es corto y en un taxi podré vencerlo en cinco minutos, correr un poco por el andén y alzar mi mano para decirle adiós como en las películas. Cinco para las tres. Tres menos tres minutos. Las tres. Tres y cinco. Termino de observarme el acné de mi rostro y de hacerle muecas al espejo. Justo en estos momentos el tren Nº 472 con destino a Santiago de Cuba debe estar piteando al tiempo que rueda sobre los rieles de la vía férrea. Intento apurarme, pero enseguida me convenzo de que es muy tarde para la despedida que me ha mantenido insomne desde anoche.
Tres y diez de la tarde. Con las manos en los bolsillos de mi pantalón camino sin prisa por las calles del barrio en busca de un bar para beber algo.

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