"Siempre imaginé que el Paraíso sería algún tipo de biblioteca", Jorge Luis Borges


31 de diciembre de 2012

Me duele la virtualidad, de Eduardo Fernández


  1. ME DUELE LA VIRTUALIDAD

    ¿Por qué he de tragarme
    esta espina emponzoñada,
    si hoy no quiero
    no estoy de sonrisas
    ... ni los modales me adornan
    las suturas viejas de la piel?

    Hace tres días fenecieron los tiempos
    y a los sobrevivientes,
    que somos todos,
    se nos olvidó el peso de la daga de Damocles,
    volvimos al sopor:
    ¡Acaba de renacer la Cristiandad!

    Hoy hay sol
    y las redes rebosan buenos augurios;
    las tiendas rematan sus mendrugos
    “made in China”
    mientras rostros de plasma estrenan dentadura
    y quedan aún turrones
    en las alacenas de los que pueden.

    Ya no se obsequia al niño
    una pizarra o un libro,
    la pelota saltarina
    ni los trajes de vikingos,
    sino esa pacotilla que en inglés se dice “gadget”
    y cuyo rey es como lámpara de Aladino,
    aunque lumbre no nazca del aceite
    y la voz del genio
    robe alma de conocidos;
    eso que llaman “celular”,
    que no renueva los tejidos
    ni es burbuja de mieles de flor.

    Camino con mi rostro patriarcal,
    barbada faz del invidente,
    tanteando las calles,
    que son como campo minado
    de desechos humanos sobre cartones
    y tapas de alcantarillas ausentes
    y manos que sobresalen barrocas,
    exhibiendo muñón como letra de cambio,
    laberinto de cuadros en total sinestesia
    de la etapa tenebrista de Murillo.

    ¡Oh, Dios!
    Y salpican siluetas danzantes
    y carcomen ruidos discordes
    y gritos como pregones (o viceversa)
    y hedores enredados con sabores
    de fritangas,
    de perfumes espurios...
    Y me duele,
    profundamente latiga
    artilugio bajo esternón.

    Todos,
    como multitud a lo Whitman
    en el nuevo siglo global,
    reductos demacrados
    de eso que llaman humanidad.

    En los rostros el rictus de los sin rostro,
    la estatua viviente sobre silla de ruedas
    y turistas
    y madres con chiquillos que miran,
    riendo con descaro del largo y flaco ciego,
    metiendo sus manos frente al bastón.
    Gente acuñada por troquel,
    jóvenes amaestrados
    felices por vivir el mejor de los mundos
    y autos gritones
    y policías mal pagados
    y acres escapes
    que asordinan
    como bocanadas de marihuana.

    No sé quién seré
    si esta es la vida,
    la “desnudi-tica” realidad.

    Recurro a Kafka
    para bordear el filo de la era,
    Intentando regresar
    a mi ermita,
    por donde ya sembraron de asfalto
    los caminos,
    acorralando novedad...

    ¡Oh Dios!
    No el fetiche que adoramos
    en cuevitas de cartón.

    ¡Oh Dios!
    ¿Por qué desgarro
    acallando el aullido
    en mis cavidades corporales,
    bajo cortezas y membranas?
    ¿Oh Dios,
    si de tu soplo nació el alma
    si nos has endilgado las alas,
    termino en el lecho
    agarrado al nexo
    que me “umbilica”
    con este mundo de corazones
    y bienaventuranzas en código binario,
    frases hechas,
    confites que adormecen,
    amores fugaces de “mentirillas”,
    seres como antifaces protectores,
    este mundo de besos sin saliva
    y buenas preces,
    al que llamamos “virtual”?

    © Eduardo Vladímir Fernández Fernández, 26.12.02

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"Criticar no es morder; es señalar con noble intento el lunar que desvanece la obra de la vida", José Martí.