"Siempre imaginé que el Paraíso sería algún tipo de biblioteca", Jorge Luis Borges


20 de septiembre de 2017

El Quijote apócrifo

En 1614, nueve años después de la aparición de El ingenioso hidalgo Don Quijote de la Mancha de Miguel de Cervantes, vio la luz con pie de imprenta de Tarragona un libro titulado Segundo tomo del ingenioso hidalgo Don Quijote de la Mancha, firmado por un tal licenciado Alonso Fernández de Avellaneda. 
          
Por Leonardo Venta

             Alonso Fernández de Avellaneda es el seudónimo empleado por el autor de la continuación apócrifa de El ingenioso hidalgo don Quijote de la Mancha, de Miguel de Cervantes Saavedra, publicada 9 años después, 1614, de la aparición del Quijote original (1605), y cuya segunda parte estaba muy avanzada para esa fecha.
            En el prólogo del latrocinio literario, el autor, desconocido hasta nuestros días, se deleita en burlarse de Cervantes. Lo califica de inmodesto e intenta obstaculizar la continuación de la primera novela moderna de la literatura universal.
            Así leemos en el hostil prefacio del tal Avellaneda: “Conténtese [Cervantes] con su Galatea y comedias en prosa, que eso son las más de sus Novelas: no nos canse”. Si bien, el Manco de Lepanto publicó la continuación de su Quijote un año después del apócrifo, en una etapa de penuria para él, realidad que descubrimos en la pródiga en elogios ‘Aprobación’ del libro realizada por el licenciado Márquez Torres: “Halléme obligado a decir que era [Cervantes] viejo, soldado, hidalgo y pobre”.
            Isaías Lerner en su estudio “Quijote, Segunda parte: parodia e invención”, sugiere la necesidad en Cervantes de legitimar la novela a través del auto examen, lo cual comprobamos en los juicios emitidos sobre la misma por el personaje del bachiller Sansón Carrasco en el capítulo III del Segundo libro: “–Eso no –respondió Sansón–, porque es tan clara, que no hay cosa que dificultar en ella: los niños la manosean, los mozos la leen, los hombres la entienden y los viejos la celebran (…) la tal historia es del más gustoso y menos perjudicial entretenimiento que hasta agora se haya visto, porque en toda ella no se descubre ni por semejas una palabra deshonesta ni un pensamiento menos que católico”.
            En el “Prólogo al lector” de la Segunda parte del Quijote, Cervantes afirma: ¡Válame Dios, y con cuánta gana debes de estar esperando ahora, lector ilustre o quier plebeyo, este prólogo, creyendo hallar en él venganzas, riñas y vituperios del autor del segundo Don Quijote digo, de aquel que dicen que se engendró en Tordesillas y nació en Tarragona!”.
            Cervantes trata de ganarse el apoyo del lector a raíz del conflicto ocasionado por el robo literario. “Pues en verdad que no te he dar este contento; que puesto que los agravios despiertan la cólera en los más humildes pechos, en el mío ha de padecer excepción esta regla. Quisieras tú que lo diera del asno [tratara de asno], del mentecato y del atrevido; pero no me pasa por el pensamiento: castíguele su pecado, con su pan se lo coma y allá se lo haya”, leemos en el susodicho prólogo.
            En el capítulo 59 del Segundo libro, Cervantes arremete contra el falso Quijote valiéndose de la censura de los propios personajes de la novela: “– ¿Para qué quiere vuestra merced, señor don Juan, que leamos estos disparates, si el que hubiere leído la primera parte de don Quijote de la Mancha no es posible que pueda tener gusto en leer esta segunda? Al referirse al libro, el Caballero de la Triste Figura afirma "que yerra y se desvía de la verdad en lo más principal de la historia”.
            El tema del odiado Avellaneda vuelve a resurgir en el capítulo 70. Cervantes lo sitúa en el umbral del Infierno –en el preámbulo, quizá por considerar su calidad literaria indigna de ocupar un lugar fijo en el mismo Averno–, alejando al autor de los juicios emitidos, mediante el empleo de un narrador ambiguo: “Dijo un diablo a otro: ‘Mirad qué libro es ése’. Y el diablo le respondió: ‘Ésta es la Segunda parte de la historia de don Quijote de la Mancha, no compuesta por Cide Hamete, su primer autor, sino por un aragonés, que él dice ser natural de Tordesillas’”. Sonreímos, inmediatamente, ante el ingenio cervantino, al leer: “Quitádmele de ahí, –respondió el otro diablo– y metedle en los abismos del infierno, no le vean más mis ojos”.
            Otra alusión aparece en la última cláusula del testamento de Alonso Quijano: “Iten, suplico a los dichos señores mis albaceas que si la buena suerte les trujere a conocer al autor que dicen que compuso una historia que anda por ahí con el título de Segunda parte de las hazañas de don Quijote de la Mancha, de mi parte le pidan, cuan encarecidamente ser pueda, perdone la ocasión que sin yo pensarlo le di de haber escrito tantos y tan grandes disparates como en ella escribe, porque parto desta vida con escrúpulo de haberle dado motivo para escribirlos”.
             En tanto, el último largo párrafo de la novela igualmente acomete contra el usurpador literario, al mismo tiempo que pone en tela de juicio las historias de los libros de caballerías: “(…) a quien advertirás [a Avellaneda], si acaso llegas a conocerle, que deje reposar en la sepultura los cansados ya podridos huesos de don Quijote, y no le quiera llevar, contra todos los fueros de la muerte, a Castilla la Vieja, haciéndole salir de la fuesa, donde real y verdaderamente yace tendido de largo a largo, imposibilitado de hacer tercera jornada y salida nueva: que para hacer burla de tantas como hicieron tantos andantes caballeros, bastan las dos que él hizo tan a gusto y beneplácito de las gentes a cuyas noticias llegaron, así en éstos como en los extraños reinos".

11 de agosto de 2017

Una mirada sobre el dolor

"Dolor" (1882), Vincent van Gogh. Esta obra maestra del dibujo es parte de una serie de trabajos 
en la que el pintor utilizó a la prostituta Sien Hoornik como modelo

Por Leonardo Venta


"...disimular el dolor es prueba de los grandes caracteres".
             José Lezama Lima

            Por lo general, todo diccionario ofrece varias acepciones para un mismo vocablo. La Academia Española le asigna a la palabra dolor la significación de sensación molesta y aflictiva de una parte del cuerpo por causa interior o exterior, o sentimiento de pena y congoja. En este artículo nos referiremos a la segunda acepción.
            Lo que algunos llaman pesimismo, sugiere la existencia asida al dolor, temática que examina el budismo. La meditación de Gautama Buda se inicia precisamente con la contemplación del dolor. Según Buda, el mundo está regido por el sufrimiento y la única solución reside en la anulación del deseo para acceder a un estado trascendente en que impera la nada.
            Para Arthur Schopenhauer –quien consideraba al budismo como la religión más adecuada, porque valora la presencia del sufrimiento en el mundo– toda empresa en la vida es ilusoria, precisamente porque la tragedia de vivir radica en la naturaleza de la voluntad. Las infatigables metas trazadas por el hombre – alcanzadas o no– según el filósofo germano, siempre le dejan insatisfecho y le inducen a emprender otras. Por otra parte, la constante lucha entre los ideales espirituales del ser humano y la voluntad animal que lo impulsa a satisfacer sus instintos le roba la paz.
            Nuestro cuerpo es la voluntad misma en su forma objetiva o como manifestación en el mundo como idea. La paz y las bendiciones que se le asumen a aquellos llamados santos proceden de las victorias en esa lucha constante contra los imperiosos impulsos de la voluntad. ¿Vivir no es oponerse a la naturaleza, a la muerte? Si bien, ¿no es la muerte un elemento natural, ineludible, de nuestra existencia? Dentro de esa constante batalla entre la vida y la muerte, la paz y el conflicto, se origina el dolor.
            Nos afanamos en ser felices, saludables, socialmente aceptados. Y ese mismo afán,  nos ocasiona dolor, nos violenta el descanso y el equilibrio. El vivir es dolor en correspondencia con el hecho de que nuestras aspiraciones sólo logran consumarse parcialmente, y una vez alcanzadas nuestras metas dejan de tener el mismo efecto gratificante, para bifurcarse en nuevos torturadores empeños.
            La naturaleza compleja del dolor –inducido por el concepto de voluntad, acción dirigida hacia un fin específico–, encuentra una especie de paliativo en la renuncia a los deseos que nos revierten, invalidándolos, mediante un estado de ataraxia (imperturbabilidad).
            Según la primera Noble Verdad que predica el budismo, la existencia humana es intrínsecamente dolorosa. Pensar –tratar de entender– es sufrir. Por otra parte, la renuncia a los deseos es una especie de liberación de la angustia encadenada a la voluntad de vivir. La ilusión siempre viene acompañada de la desilusión; el optimismo, del pesimismo. Al disfrutar destellos de la dicha, conocedores de nuestra vulnerabilidad, nos preguntamos: ¿cuánto durará esta plácida experiencia?
            El conocimiento causa dolor, ya que la felicidad proviene de la inconsciencia (el no conocimiento). De lo cual deducimos, desde una perspectiva semiótica, que el conocimiento significa muerte. Mediante la crítica a la ciencia y al optimismo, algunos pensadores cuestionan la armonía y racionalidad del mundo, al negar que éste pueda ser mejorado mediante el conocimiento, ya que el saber puede trae consigo el dolor. Para aquellos que opinan que el sufrir y el pensar marchan juntos, la mejor opción para el ser humano es la abstención y la contemplación indiferente de todo.
            La abstención concuerda con las ideas budistas de la contemplación; mientras la acción nos refiere a Friedrich Nietzsche, quien desplaza un poco el pesimismo con su convocatoria a la acción, aunque, según críticos como Max Nordau, el pensamiento nietzscheano es en buena medida continuación y consecuencia dinámica del razonamiento pesimista de Arthur Schopenhauer; eso sí, matizado por una cristalización evolutiva con matices menos pesimistas.
            Nos afanamos en hallar una explicación, una razón de ser, a nuestra propia existencia dentro del ámbito de una sociedad que se nos presenta a veces hostil y decadente. Nuestros conflictos oscilan entre el mundo externo y el interno, originando un choque entre nuestras percepciones, afanes y creencias, y las ajenas, suscitando escepticismo ante una irrealidad que se nos maquilla como real, ante un destino y rol impreciso –inconstantes– en el universo.
            Aunque nos elevamos por momentos a esferas superiores de realización y gozo, sucumbimos luego en nuestro anhelo de atesorar la paz, esfera casi divina del pensamiento que comprende la vida desde una perspectiva superior, despojada de todo afeite y afán ilusorio.     
            Nos debatimos entre el bien y el mal, la mentira y la verdad, el amor y la animadversión, la virtud y el vicio, el cuidado y la desidia, la paz y la beligerancia, el bienestar y el dolor. Sufrimos la fragilidad de la existencia, conscientes de nuestras limitaciones, y confrontamos la opción de esa antonimia ‘nada liberadora’. La irracionalidad de la existencia viene reflejada por la imposibilidad de aprehender la realidad, incluso la incapacidad de explicarla, en contraposición con una solución absoluta y una validez universal.
            Para Schopenhauer el dolor es insuperable; para Nietzche, puente al gozo. Nos preguntamos, entonces: ¿existe  alguna verdad?, y si existiera, ¿es posible visualizarla, entenderla, explicarla? ¿Existe un destino ya prefijado, ineludible?, y si estuviera ya diseñado por voluntades inasequibles, ¿por qué preocuparnos, si todo está determinado, si no podemos variar el fatal veredicto?
           El porqué del dolor serpentea los límites de la razón sin brindarnos respuestas categóricas, como veraz reflejo de la complejidad subjetiva en que nos desenvolvemos. La insuficiencia y vulnerabilidad humana contrasta con la inmensidad del universo que nos deslumbra y amilana. Somos impotentes ante la razón. No podemos eliminar el dolor de la faz de la tierra, el inmanente e  inconsciente temor a ser castigados por nuestras presuntas  transgresiones. Somos esclavos del dolor, el miedo, los instintos ciegos, la incertidumbre, los accidentes y circunstancias que marcan nuestro tránsito sobre la tierra, sabedores, para mayor desventura, de nuestra fugacidad biológica.

6 de agosto de 2017

Epitafio para un Sueño. (Novela)



22 años después de salirse de Cuba en una lancha, Pepe el Salao escucha en las noticias televisivas un hecho que esperó por años: «Con profundo dolor comparezco para informarle a nuestro pueblo, a los amigos de nuestra América y del mundo que hoy, 25 de noviembre del 2016, a las 10.29 horas de la noche falleció el Comandante en Jefe de la Revolución cubana Fidel Castro Ruz». La nueva lo transporta, inevitablemente, a su pasado en Cuba, especialmente a aquellos acontecimientos que lo obligaron a tomar la decisión de decir adiós definitivo a su patria para buscar tierras de libertad. Corría el año 1994 y marchaba un día normal, como otro cualquiera, en la vida de Pepe el Salao, quien era un hombre común que creía que su mala suerte era consecuencia de un padecimiento crónico o una especie de castigo divino que le habían dado al nacer. Realmente, Pepe no podía explicarse por qué todo lo malo siempre le ocurría a él: su padre se suicida lanzándose al vacío desde el quinto piso del hospital general de la ciudad, su esposa lo abandona por un chulo y decide ser jinetera buscando mejor vida, y el día que Pepe decide romper un celibato de casi dos años -donde solo estuvo acompañado por el alcohol y su forzada soledad- acostándose con una turista mexicana que conoce casualmente, la policía política de la isla comienza a acosarlo y es hasta despedido de su trabajo. Todos estos hechos, sumados a las carencias materiales de un duro Periodo Especial y la polémica situación político-social de la isla, arrinconan a Pepe en la desesperación obligándolo a elegir entre el orgullo y sus principios dentro de Cuba, o la libertad fuera de la isla. Epitafio para un sueño es una novela histórica inquietante que a través de la vida de Pepe el Salao narra una época y circunstancias que marcaron fuertemente la historia cubana. Con lenguaje coloquial y fuerte carácter testimonial, entre la realidad y la ficción se mueven los personajes de esta novela mientras van mostrando la situación real de un país que por momentos asemeja una gran prisión para sus habitantes, y fundamentalmente, para Pepe y sus amigos. Una trama repleta de amor, traición, odio, corrupción, misterio y, sobre todo, la lucha constante para sobrevivir dentro de un país que se desmorona. Epitafio para un sueño es, también, una cruda denuncia social y política de un régimen que desde enero de 1959 hace y deshace a su antojo en Cuba, un país donde nadie importa más que esa fauna de dirigentes comunistas que oprimen al pueblo y que trabajan para un régimen que, aunque ha pasado su fecha de caducidad, aún se mantiene en el poder. 

Carlos Alberto Dueñas Aguado regresa con esta, su segunda novela, con una pluma fuerte y crítica, aguda y sin tapujos, que muestra la destreza de un novel autor que puede transitar desde la novela erótica hasta la novela histórica con el talento del buen escritor.

4 de julio de 2017

Hambre cósmica


Por Leonardo Venta
(A mi madre)

Quiero ser libre para pronunciar tu signo
sobre el teclado de mis ausencias.
Quiero danzar contigo sobre el firmamento –que adivina mi instinto–
aderezado de flores.
Quiero abrigarte con estos veranos repetidos de bancos, estrellas,
humo, navajas, lunas, firmamentos…
Quiero besar este vacío con el amor despierto,
hacerte poema, luz, estela, aspergio,
puericia, almohada, sagrada cómplice.

Tengo hambre cósmica

Pronunciaré tu nombre en la nocturnal sentencia de cada despedida,
en cualquier idioma, con cualquier acento.
Notas graves, negras, ennegrecidas quiero…
notas que rasguen nuestros duendes
y desperecen nuestros muertos.

Quiero los risueños rábanos sobre mi ensalada de
tímido niño ante tu calidez solícita 
Quiero tu alegría de entrega, de pizzas, de sacrificios;
quiero tu última mirada, la imaginada…
la no compartida.

Cuán pobre escribo, tan pobre como mi alma…
Soñemos, soñemos, soñemos…
Carros juegan sobre mi cabeza, en carrera de luces y sirenas.

Desvelo de teclado… visítame de madrugada… ¡visítame!
Cuando nadie lo entienda, ni yo mismo, notas graves, graves, junto a otras cristalinas,
recorren mis párpados y tejados sin bienhechoras hadas. Visítame azul…. visítame y retrocedo… espurio... no entiendo… no te encuentro… ni azul ni gris… no te encuentro… no te encuentro…

(6 de septiembre de 2013, 1.59 a.m.)

28 de mayo de 2017

Tras las huellas de Apolo

De izq. a der.: Lidia Díaz, Jorge Esquivel y Clara Carranco ilustran la carátula de un programa del Ballet Nacional de Cuba, que data de 1973 
Por Leonardo Venta

              Apolo, dios de la lira y el arco, es junto a Júpiter la deidad que posee más atributos en todo el panteón griego. Se le presume oriundo del Asia, pero hay quienes le consideran una divinidad nórdica que los griegos transfirieron en su emigración hacia el sur. Es hijo de Zeus y de Leto, y hermano gemelo de Ártemis. Tiene varios oráculos, entre los que se destaca el de Delfos, por lo que también se le denomina dios de la profecía. 
            Se le atribuye guiar el carro del Sol, por lo que es llamado dios del Astro Rey; e incluso, se le toma por el mismo astro celeste. No obstante, es más bien el dios de la luminosidad solar, lo que, en la racional civilización helénica, no significa lo mismo a ser el dios del Sol, cargo que ostenta Helios.        
            Apolo es, igualmente, un excelente músico y un gran atleta; dios de la poesía, se representa usualmente acompañado por una lira y las musas, a quienes instruía en las artes. Se le confiere el promover la práctica de la medicina entre los humanos. Es, al mismo tiempo, dios de la verdad, así como de la agricultura y la ganadería, funciones que desempeñó después de un largo destierro y regreso al Olimpo.
            A pesar de su hermosa apariencia y seductora voz, Apolo sufrió mucho en la búsqueda del amor. Coronis, Deífobo, Casandra y muchas otras le despreciaron. El amor que más habría de impactarle sería el de Coronis, del cual tuvo como fruto a Asclepio, quien se destacó en la medicina al punto de hacer resucitar a los muertos. Zeus le aniquiló con un rayo por esa temeridad, y Apolo vengó su muerte liquidando a flechazos a los cíclopes que forjaron el rayo con el que Zeus le había quitado la vida.  Airado, Zeus expulsó a Apolo de la morada de los dioses y le condenó a servir a un mortal durante un año. Así fue pastor de Admeto, rey de Feras. 
            Además, el Cronión Ideo le castigó por conspirar contra él junto a Hera, Poseidón y Atenea. Poseidón y Apolo fueron condenados a servir a Loromedonte, rey de Troya, auxiliándole a edificar las murallas de dicha ciudad. Por lo demás, Apolo fue condenado a andar errante por el mundo, padecer infortunios humanos y trabajar para subsistir. Si bien, pudo regresar al Olimpo. 
            Existen ciertos mitos que describen a Apolo como despiadado y cruel. Transfiguró a la ninfa Dafne en árbol, de quien se enamoró por culpa de una flecha de Eros. En la Guerra de Troya, disparó saetas infectadas con la peste sobre el campamento griego en respuesta al agravio del rey Agamenón a Crises, uno de sus sacerdotes, cuya hija Criseida había sido secuestrada. 
            Al mismo tiempo, ayudó a Paris a matar a Aquiles guiando la flecha de su arco hasta el talón de éste. También raptó y violó a la joven princesa ateniense Creúsa, a quien abandonó junto con el hijo nacido de su unión. Mató a Pitón, la temible y legendaria serpiente que guardaba un santuario en las montañas del Parnaso, y con su piel envolvió el trípode en el que se sentaba la sacerdotisa de Delfos.
             Apolo ha inspirado obras plásticas, literarias, musicales, danzarias, entre otras manifestaciones artísticas. El parisino Museo del Louvre exhibe una escultura de esta luminosa deidad, copia romana del original griego de Praxíteles o Eufranor, parte de la Colección Real Francesa, de 2.16 metros de altura, que compendia en sí todo su esplendor mitológico y estético.
"Apollon Musagète", coreografía de Adolph Bolm, música de Ígor Stravinski, se estrenó el 27 de abril de 1928 en un festival de música de cámara presentado en la Biblioteca del Congreso de Washington, D.C. La sala, con capacidad para sólo 511 personas, estaba abarrotada. El propio coreógrafo encarnó el personaje de Apolo. Ruth Page, Berenice Holmes y Elise Reiman fueron las tres musas. La coreografía de Bolm ha quedado prácticamente olvidada.
            Poco después de un mes, el 12 de junio, George Balanchine, con sólo 24 años, estableció su versión en el Teatro Sarah Bernhardt de París, con los Ballets Rusos de Diaghilev, diseños de André Bauchant y la actuación del célebre bailarín y coreógrafo francés de origen ruso Serge Lifar en el papel protagónico. El mismísimo Stravinski dirigió la orquesta. Al bailar con Calíope (Lubov Tchernicheva), Polimnia (Felia Doubrovska) y Terpsícore (Alice Nikitina), la deidad de los muchos atributos les imparte el soplo divino de sus respectivas artes, así como las conduce, con Terpsícore a la cabeza, a la cima del idílico monte Parnaso.
           En 1945, Alicia Alonso bailó por primera vez la puesta en escena de Balanchine, interpretando a Terpsícore, junto a Nora Kaye y Barbara Fallis, como Polimnia y Calíope, respectivamente. André Eglevsky representó el personaje de Apolo. A partir de 1946, la Alonso lo bailó con Ígor Youskevich.   
             

2 de mayo de 2017

EN TU FÉRTIL INCIDENCIA

EN TU FÉRTIL INCIDENCIA
(Cuartetos en versos endecasílabos)

Fluye tu albura en mí y tu vivo esmero
hondo incita este amor sin aflicciones,
de una vida al fragor de situaciones
cruciales y hoy a lo más puro me adhiero;

y en tu sublimación y trascendencia
me das tu terso y prístino resplandor,
es tu universo y acción de fino candor
que florece en tu fértil incidencia,

que incide tu beldad en los corazones
de quienes con pasión tanto te admiran,
por tu ofrenda y efusión que afables giran
en torno a tu verdad y sus razones,

en creciente y caudal que unge su mundo
de luminosidad y honda armonía,
se esparce su deidad y sintonía
en afluente raudal a lo profundo,

para darte también a su elemento
que te lleva sutil en briosa ardura,
y en ese oasis febril la vida augura
su digno parabién y su momento;

resplandece la más bella intención
en tu mar de fruición y fe cimeras,
por tu sensible Ser en sus esferas
que axioma en mi fervor sin dilación,

¡te doy mi tierna y más honda ovación…!;
es tu vida en su fluir que me transforma
y ara en mi porvenir en aura que ahorma,
resarciendo mi hoy y amor con emoción…

Carlos Juan Méndez,
Barcelona, 02 de mayo de 2017 | 01:11

—C.J.M.

“En tu fértil incidencia”, pertenece al Poemario en proceso: “Al albor del amor”.

Pintura al óleo sobre lienzo de 130 x 97 cm: “Pliegues naranja” (2006), del artista plástico barcelonés, José Linares Molina.


Pepe Linares (nacido en Barcelona en 1961), es un pintor figurativo, dedicado mayormente, a dibujar el cuerpo humano: su erótica, su vida y formas de vida. En ocasiones, se recrea en lo abstracto y prefiere que los amantes del arte sepan descubrir en su trabajo, esa tendencia. Vive en importante necesidad creativa, la que le empuja desde su adolescencia a trabajar con el óleo sobre lienzo. Su influencia pictórica nace de la escuela de Rafael y Leonardo da Vinci, pasando por Caravagio, Velázquez, Rembrant y Dalí, entre otros artistas plásticos universales.

Kindle Direct Publishing (KDP) se refuerza




Kindle Direct Publishing (KDP) se refuerza
Con la nueva alternativa de KDP, gratuita, ya no dejará margen a la duda. Además de la opción de “ebook”, también cuenta con “tapa blanda”, o libro impreso. Esta última opción es gracias a una compañía gemela de Amazon: CreateSpace. Esa segunda compañía que funciona para libros en inglés, ya agregó, esa misma herramienta, en www.kdp.com , esta vez en español. Todo aparece sencillo, al alcance de las manos del obrero de la pluma que ya va a dejar de pedirle ayuda a muchas pequeñas editoriales o a pequeños editores inescrupulosos que mienten sin cesar para que les paguen una pírrica edición en formato impreso o de papel.
Desde allí se pueden crear cubiertas con una fotografía, o uno mismo crearla en programas afines como Photoshop, etc., y subirlas a KDP. Esa opción de tapa blanda tiene modificaciones internas. Cuenta con imágenes para libros. La cubierta de tu libro puede variar, y el propio autor las puede ejecutar sin temor a cometer errores. También puede dar marcha atrás y comenzar de cero a la hora de seleccionar una exigente cubierta que constituye el 50 % de la venta de un libro. Realmente la imagen, en la literatura, a veces vale más que el contenido. Funciona como ir bien vestido a una entrevista de trabajo.
Así que ya es hora de echar a andar, soñar en español ya es posible en Amazon o en KDP. ¡Despertad, obrero de la pluma! ¡¡Sí se puede!!

1 de mayo de 2017

EN SU NUEVO ORDEN QUE ESCALA

EN SU NUEVO ORDEN QUE ESCALA
(Soneto en versos octosílabos)

Lleva el aura de su vida…;
en cada fragmento de ella,
eleva el haz que destella
en hada esencia encendida,

que atraiga a su eco asumida
Fe en oda sublime y bella,
Rapsoda el Ser en paz y huella
que arraiga en su gracia ungida;

su encanto une fuente y llama,
se afianza hondo al alma, y exhala
su canto que ufano clama,

en renuevo que obra y cala
en templanza y calma que ama,
en su nuevo orden que escala…

© Carlos Juan Méndez,
Barcelona, 22 de abril de 2017 | 06:26

—C.J.M.

Creación poética, perteneciente al poemario en curso: “En la senda del porvenir”.


Fotografía onírico-surrealista: “We Are Limitless” (Somos infinitos), perteneciente a la serie, “Surreal-ity”, de la fotógrafa y artista plástica hawaiana, Kilie Woon. En la imagen, la misma artista, interpretando y recreando el cuadro escénico.

EN TU AMOR SINFÍN

EN TU AMOR SINFÍN
(Cuartetos en versos endecasílabos)

Grata y bella ocasión de reconducir
mi vida en tu causal y honda ternura,
tras aciaga inmersión en la fragura
de una fase crucial; busco predecir,

mi historia a reescribir en tu universo
fecundo de fruición; y con tu gesto
tierno, puedes asir tu alma en honesto
sentimiento y emoción de erguir lo terso,

por una evolución que hoy recupera
su laudable expresión, hacia un sosiego
que clama su lugar, dejando el ego
sumiso en tu arraigar de vida entera,

que creo en tu amor sinfín y sostenible,
y alba serenidad por lo que busco
en esta senda afín, sin querer brusco
cambio a tu libertad plena e indecible,

buscando en tu bondad que dimensione
mis sueños a abrazar, hacia un sentido
que vamos a alcanzar, en este hoy fluido
que emana tu verdad y se impresione,

en afluente y caudal: fluye y dirime
y vuelca mi ilusión por la esperanza
que enardece raudal en tu confianza…,
en fronda de expresión que me redime…

© Carlos Juan Méndez,
Barcelona, 28 de noviembre de 2016 | 19:20

—C.J.M. 

“En tu amor sinfín”, es la primera entrega, perteneciente a una tetralogía poética dedicada a la redención del ser a través del amor; también, integra, el poemario en preparación: "La senda del porvenir". Espero, sea de vuestro agrado.

Fotograma del film francés: “Pickpocket” (1959), del cineasta, Robert Bresson. En el cuadro escénico, los actores: Martin LaSalle y Marika Green.

Sinopsis: film inspirado libremente en la obra, “Crimen y castigo” de Fiodor Dostoievski, que cuenta la historia de Michel, un carterista que no roba por necesidad como tampoco lo hace por vicio; no es cleptómano, roba para darse a sí mismo un valor, porque el robo es el medio de expresar sus sentimientos.

Sobre “Pickpocket”:

“Qué camino más extraño me ha llevado hasta ti”. Con esta frase que le expresa Michel a Jeanne con las rejas entre ambos, concluye el film “Pickpocket”. A pesar de las rejas que separan a Michel de su amada, por fin siente que su alma es libre, cuando su cuerpo está encarcelado. Y es que en la religión cristiana (seguida por Bresson, más exactamente el *jansenismo), se ve al cuerpo como la cárcel del alma. La película nos cuenta el camino que realiza el alma de Michel para llegar a ser pura y liberarse.


*El Jansenismo, es una corriente de espiritualidad cristiana que tuvo su origen en las ideas de Cornelio Jansen (1585-1638) y que se caracterizaba por una exigencia de vida virtuosa y ascética y poner la salvación en la gracia divina.

30 de abril de 2017

DE AURA INTERIOR


DE AURA INTERIOR
(Soneto en versos endecasílabos)

En su verdad de trascender, espera
su vida ungir de aura interior que espeja
en su sonreír de ahora en albor; refleja,
su voluntad de enardecer nueva era,

deseando dar, el puro amor que esmera
su corazón en todo ser, graceja
suma y razón en su crecer; festeja,
dando lugar a lo mejor que urdiera;

como seguir la superior tersura
y cualidad de embellecer, que atina
a perseguir la fe ulterior que augura,

a la sazón de enaltecer la fina
luz a sembrar de hondo fervor, fulgura
su ligazón a enriquecer divina…

© Carlos Juan Méndez,
Barcelona, 22 de febrero de 2017 | 22:25

—C.J.M.

Este soneto, integra el poemario en preparación: "La senda del porvenir".


© Imagen fotográfica, cedida con entrañable gentileza, por la Sra. Elsa María Tello Marroquín para este soneto.

25 de marzo de 2017

Apuntes sobre el desarrollo socio-histórico del barroco

La célebre ventana del convento de Tomar, cerca de Lisboa, sintetiza muchas de las características que distinguen al barroco

Por Leonardo Venta

Las contradicciones, contraposiciones y singularidades del barroco en el arte, la arquitectura, la música y la literatura, cuya estética viene escoltada generalmente por ideas y presentaciones formales complejas, inquietan naturalmente un hondo ejercicio del intelecto. Notorio, sobre todo por su recargamiento, el barroco encierra en sí la paradoja de un abismal miedo a la falta o carencia. Emana una energía intensa en su proyección hacia un efecto y se libera al conseguirlo.
            Marcado por un afán histórico de desplazar al renacimiento, el barroco, con todo el desdén terminológico de los componentes que le aglutinan y enrarecen, arropa la cultura y el arte europeo de finales del siglo XVI y XVII –así como se espejea y dilata en su perfil americano– para tenderse en las matutinas playas del XVIII.
            Para Mariano Picón Salas, en “El Barroco de Indias.” De la conquista a la independencia; tres siglos de historia cultural hispanoamericana, el barroco “significa oscuridad y primor difícil, frente a la diafanidad y sencillez del opuesto estilo clásico”.  Según Severo Sarduy, en su texto Barroco, podríamos añadirle a su historia, “su represión moral, ley que, manifiesta o no, lo señala como desviación o anomalía de una forma precedente, equilibrada y pura, representada por lo clásico”.
            Los orígenes de la palabra barroco son imprecisos. Podría proceder del portugués 'barocco' o del castellano 'barrueco', que designa a un tipo de perlas de forma irregular.
A su vez, ‘baroco’, con una sola 'r', se refiere al nombre que recibe una figura del silogismo, razonamiento utilizado en lógica, el cual contrasta dos proposiciones o premisas para extraer una conclusión.  
            Caracterizado por su sentido de movimiento, energía y tensión, el barroco, a partir de una percepción de crisis del mundo, manifiesta en la honda desigualdad social, los conflictos bélicos y la miseria, evoluciona hacia la decepción y el desengaño. La sensibilidad del arte barroco, henchido de santos incongruentemente ceñidos a la naturaleza, es para el escritor, periodista y filósofo catalán Eugenio D’Ors “una especie de creencia en la naturalidad de lo sobrenatural, en la identificación entre la naturaleza y el espíritu”.
            La Iglesia católica, uno de los mecenas más significativos del llamado Siglo de Oro, y la Contrarreforma, que se origina para combatir la difusión del protestantismo, contribuyeron a la formación de un arte férvido y deslumbrante, que exalta los sentimientos entrañables con un claro sentido de propagación de la fe católica, en contraste con la austeridad adoptada por el protestantismo.
            D’Ors le atribuye al barroco –en su ambición de renovar la interpretación tradicional del término, como categoría estrictamente histórica y limitada a las artes plásticas, transfiriéndolo a una magnitud filosófica, espiritual, en oposición a lo clásico– el gusto por lo retorcido y fracturado, la dinamización de los contrastes, el movimiento que desafía a la armonía y la estabilidad, la pasión y la creatividad, así como el gusto por lo pintoresco y teatral.
            La descripción que D’Ors ofrece de la muy circulada fotografía de la célebre ventana del convento de Tomar, cerca de Lisboa, sintetiza muchas de las características que distinguen al barroco: "(...) una tendencia hacia lo pintoresco, reemplazando la exigencia constructiva, propia del clasicismo; el sentimiento de la profundidad, adquisición por la arquitectura de un a modo de tercera dimensión. Aquel síntoma, en fin, decisivo: el dinamismo con que se sustituía el gusto por la apariencia de esta estabilidad. Y las ‘formas que vuelan’. Y el empleo crudo de elementos morfológicos naturales. Y, por encima de todo, aquella propensión a lo teatral, lujoso, retorcido, enfático, que la sensibilidad menos ejercitada advierte inmediatamente en lo barroco”.
            El barroco español representa la negación de los valores de la conciencia moderna que el renacimiento europeo encarna para España. Dicho país, bajo la sombra de este estilo, aún cultivaba ciertas formas medievales: gestos y valores caballerescos, la muerte como exaltado consuelo, plebeyismo exuberante, o lo que llama Mariano Picón Salas, 'el preciosismo de la grosería', que ejemplifica a través de Quevedo, “empaque y ceremonia altisonante y burla cruel”. Los extremos son simplemente barrocos en una época que desconoce absolutamente lo módico. Implica, además, desaliento y desmayo, así como el distintivo desengaño español. La idea del “exceso” se cumple en el renacimiento a través de una agudeza reguladora, que ambiciona un excelso ideal estético y de conducta. Sin embargo, el barroco exalta la soledad existencial.
            Para catar lo trágico de dicha aplastante soledad, que implica todo un desvalimiento e impotencia ante lo efímero y transitorio del sino humano, basta escuchar o leer el célebre monólogo de Segismundo en La vida es sueño de Pedro Calderón de la Barca. El hombre barroco es protagonista de una representación dramática llamada existencia; víctima de inapelables fuerzas superiores, desconsolada criatura del trágico implacable bullicio que termina por ensordecer su calma; se sabe débil marioneta de un gran espectáculo diseñado por incomprendidas voluntades superiores. El dolor y el placer son las dos fases de la fuerza discrepante y aglutinadora que le ciñe.
            La consolidación de la Inquisición en Europa como elemento represivo constituye un factor determinante que da fin al renacimiento, originando la necesidad de instauración de un nuevo arte de la alegoría, mediante el cual se intentan encubrir las ideas potencialmente punibles del ingenioso aparato censurador. Se hace tan común el ejercicio de lo figurativo que Juan de Orozco y Covarrubias publica para servir a la gran demanda su Arte nuevo de propagar ideas por la imagen.
            Lo barroco es una especie de actitud intemporal del ser humano ante la vida, que puede manifestarse en el espíritu de cualquier etapa de la historia de la humanidad, pues está implícito en el instinto propio de la naturaleza en oposición a lo clásico, que procura someter tales impulsos a una especie de racionalización. En ese sentido, es libre y liberador en su esencia general y sus propiedades trascendentales. 

21 de febrero de 2017

Libros de Silvia González Escritora: La Bernejena Gigante

Por qué su padre parece odiarlo desde que creció?



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Libros de Silvia González Escritora: PRESENTACIÓN

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17 de febrero de 2017

La 'mujer faltal' en la novela Beltenebros de Antonio Muñoz Molina

Escena de la adaptación al cine de la novela Beltenebros por Pilar Miró
Por Leonardo Venta 

            En el análisis del discurso literario es conveniente tener en consideración la importancia del género, que influye en las variantes y matices lingüísticos culturales que el hombre o la mujer imparten a la obra, afectando el contexto y la forma de lo expresado. Es decir, un tema según sea quién lo escriba tiende a ser marcado por diferencias en su forma y contenido. Por otra parte, la ideología del género afecta la manera en que los textos son leídos, así como los cánones de excelencia establecidos.
             Socioculturalmente, el género, apartándonos del punto de vista exclusivamente biológico, es el resultado de una categorización que ha sido falseada (aprendida) con intereses muy palpables en la jerarquización del poder masculino. Un  ejemplo ostensible es el cuestionamiento que  Antonio Muñoz Molina ofrece a la representación tradicional de la 'femme fatale' en Beltenebros (1989), una obra de la posmodernidad confeccionada con hebras de la novela policíaca, la novela de espía, la novela rosa y el llamado "film noir".
             "Vine a Madrid para matar a un hombre a quien no había visto nunca". Con esa expresión se inicia esta obra que, según el consenso de la crítica literaria, no tiene parangón en la novelística contemporánea española. El sicario Darman, otrora capitán del ejército republicano exiliado en Inglaterra, bajo ordenes de una organización subversiva comunista, regresa clandestinamente al Madrid de los años sesenta para ejecutar a Andrade, un inocente acusado de traición. En ese empeño sanguinario de ángel sentenciador, se relaciona con Rebeca Osorio, amante del hombre a quien debe liquidar, en un complejo proceso que lo llevará a reconstruir su pasado a través de lugares y acciones en un simbólico desplazamiento que devela magistralmente, entre otros elementos, el pedregoso proceso hacia la verdad.
            La susodicha mujer sufre en sí todo el aglutinamiento del abuso masculino, mental y físico, a través del voyerista Valdivia, que la hostiga y oprime tanto desde la oscuridad literal –es nictálope – como la emocional. La obliga cada noche a bailar y a cantar para él, vestida de Rita Hayworth, ante un grupo de sicalípticos espectadores que se reúnen en la Boite Tabú. Él la disfruta desde la oscuridad de su palco, mientras ella se va desnudando poco a poco. "Aunque tú no me veas yo te estaré viendo", le expresa. Ella no se librará de esta opresión hasta el desenlace de la trama.
            La mujer abusada es idéntica a otra que Darmar conociera 20 años atrás. Es la hija de Rebeca Osorio (madre), con quien experimentara una fracasada experiencia amorosa, especie de doble que aúna el presente con el pasado. "La exaltación y la vergüenza se estaban consumando ante mí al ritmo hirviente del bongó, que parecía golpear a la muchacha como a un boxeador débil, descoyuntándola, arrojándola de rodillas al suelo, imponiéndole metódicamente los movimientos sincopados de una danza en la que se iba desnudando como si se desgarrara a sí misma", así describe Darmar el degradante espectáculo que le ha sido impuesto a la joven.
            Para la escritora y pensadora Simone de Beauvoir, la mujer sólo puede lidiar con la inferioridad con que ha sido marcada por el hombre, vengándose, mutilando la supremacía masculina, contradiciéndola, y negando su verdad y valores. La 'mujer fatal' desdobla una connotación ambivalente que origina un desbalance en el devenir del hombre. “Los temores del hombre de perder su estabilidad o su 'yo' frente a la mujer son reflejados en la mujer fatal: las dos Rebecas van minando la figura del detective, Darman, hasta el punto de producir la confusión del protagonista y de oscurecer su habilidad observadora en las últimas páginas de la novela", expresa Chung-Ying Yang, catedrático en la Universidad Nacional Chengchi de Taipei. En este caso, la mujer es “la imagen amenazadora de lo ilegible, lo imprevisible y lo inalcanzable (…) la antítesis de lo maternal, de lo productivo”, agrega.
             De Beauvoir asevera en su libro El Segundo Sexo algo similar a lo establecido por el académico taiwanés: “(…) el hombre siente hostilidad hacia la mujer porque le teme, siente temor de su imagen con la que él mismo se identifica”. Percibe su caída bajo el influjo pernicioso de la mujer que lo arrastra. Es en gran sentido una caída al estilo adámico. “Todos los Padres de la Iglesia insisten en la idea de que ella [Eva] condujo a Adán al pecado”, agrega la intelectual gala.
            Al escudriñar, encontramos en Beltenebros argumentos suficientes para demostrar que la mujer no sólo representa esa “otredad” que complementa al hombre, "sacada de la costilla de Adán", sino también es ese objeto sexual que despierta pasión animal en él. Es un elemento más de la Naturaleza que estimula y satisface los apetitos masculinos. “Las miradas y las manos y las respiraciones de los hombres habían gastado su piel [la de Rebeca Osorio hija] pulimentando su blancura y volviendo todo su cuerpo tan dúctil como una seda muy usada (…)”, leemos en el texto de Muñoz Molina.
            Por otro lado, la descripción de Rebeca Osorio (hija) se desliza a través de ciertas características que implican debilidad y, por consiguiente, traslucen la histórica inferioridad atribuida a la mujer con respecto al hombre, a pesar del ambivalente poder nocivo que sustenta como 'femme fatale': “Había en ella una obediencia sonámbula a los designios de otros”, expresa Darmar. Luego la identifica por “la infinita y cálida pasividad de sus muslos".
            Darman es una especie de antihéroe de la literatura posmoderna; reconoce sus errores e intenta rectificarlos, no se rinde en su afán de encontrar la usualmente paradójica, cuestionable e inaccesible verdad. El doctor valenciano Pasqual Mas, autor de numerosos estudios y ediciones críticas, expresa: “Casi la totalidad de la literatura de Muñoz Molina sigue un proyecto ético. Los héroes de sus novelas actúan movidos por la necesidad de rectificar conductas a situaciones marcadas por el mal”.
            Valdivia, el supuesto Beltenebros de nuestra historia, se desliza entre la oscuridad de los balcones de un centro nocturno y la de un cine clausurado. Sus ocultas ocupaciones y un defecto en un ojo  lo constriñen a resguardase de la mirada ajena.  
            En el desenlace, Rebeca Osorio (hija) consigue vengarse. Ciega a Valdivia con la luz de una linterna, precipitándolo a la planta baja del cine en ruinas, en su desesperación por huir de ella. “Arriba, en las últimas gradas, más alta que nosotros, la muchacha pálida y desnuda mantenía inmóvil la linterna y su círculo de incandescencia trazaba una fría y blanca línea de luz que iba a romperse en la cara de Valdivia, y siguió persiguiéndolo cuando cayó hacia atrás empujado por ella”, leemos en el texto.
            Muñoz Molina rompe esquemas tradicionales con este final, al igual que lo hace con el resto de la obra. Darmar no es quien mata al villano ni rescata a la heroína. Ella se salva por sí sola. Si bien, la catarsis se consuma en la transformación interior de Darmar, como manifestación de una honda implicación alegórica, que bien puede encaminarnos a múltiples interpretaciones, timbradas por la ambigüedad posmoderna que prevalece en una narrativas de esta índole.
            La novela –que toma el título del sobrenombre del célebre Amadís de Gaula cuando pierde la razón y es forzado a vivir en una cueva– emplaza a la mujer en un ambiente de erotismo y violencia, de fluctuantes relaciones de género: poder de seducción y manipulación, exhibicionismo y voyerismo, así como rechazo y desvelamiento dentro de una atmósfera matizada por el palpitar contradictorio, complejo, desestabilizador y constituidor del ideario político e ideológico y la identidad en el proceso evolutivo del protagonista y los mensajes implícitos en la trama.

29 de enero de 2017

En el 164 aniversario del natalicio de José Martí

“Retrato de José Martí”, óleo sobre lienzo a tamaño real, obra de Raúl García Huerta y sus alumnos, donado al Centro Histórico Cultural Cubano de Tampa, el 19 de mayo de 1991


Por Leonardo Venta

No hay nada que complazca más a la virtud que pronunciar, con imperiosa insistencia, el nombre de José Martí. Cada año, alrededor de esta fecha, lo proclama asida al anhelo de "admirar y hacer admirar" su humilde grandeza. Este 28 de enero de 2017 en el 164 aniversario de su natalicio no será la excepción.
            Todo lo que se diga sobre Martí corre el riesgo de convertirse en expresión repetida, pues por más de un siglo un holgado inventario de publicaciones y merecidos elogios acicalan su memoria. Si bien, para aquellos que saben atesorar el recto modo de proceder y la genialidad en su esencia más universal, el sentir martiano se renueva de día en día.
            En marzo de 1870, con sólo 17 años de edad, fue condenado a seis años de trabajos forzados por haber escrito una carta reprobando la conducta anticubana de un compañero de estudios. Este hecho definió su vía crucis hasta la muerte en Dos Ríos, a la edad de 42 años.
            “Cuando muere lo hace en una batalla para despedirse con misterio y hoy que le celebramos la aparición, rindiéndole las gracias, seguimos tocándolo y reconociéndolo despacio para justificar el surgimiento de su germen, como si lo igualáramos a la semilla que necesita de su tierra”, afirma el otro José cubano: Lezama Lima.
            Sacrificó su bienestar y el de su familia, así como la continuidad y atención de su carrera literaria por amor a la libertad. No obstante, su prosa diáfana, aguda, y su verso elfo asidos a la justicia, a la verdad y al amor trazaron la brecha del movimiento modernista en la América española.
            No fue un escritor de torre de marfil sino un sagrario de abnegación. La estética de su obra no responde a una voluntad de estilo planeada, tal como lo confiesa en el prólogo a su Ismaelillo, dedicado a su hijo José Francisco: “Tal como aquí te pinto, tal te han visto mis ojos. Con esos arreos de gala te me has aparecido. Cuando he cesado de verte en una forma, he cesado de pintarte”.
            Sus dotes de oratoria –como certifica su coterráneo Manuel de la Cruz: “… según los que le oían habitualmente, pocos oradores han dado a su palabra el tono, el calor y la fuerza que imprimía a sus discursos”– hinchieron el patriótico espacio del Liceo Cubano en su primera visita a Tampa, el 26 de noviembre de 1891, al pronunciar el discurso “Con todos y para el bien de todos”. 
            Allí propone “la fórmula del amor triunfante, alrededor de la estrella de la bandera nueva”, y enardece el ánimo de sus compatriotas hasta el arrebato cuando proclama: “¡Yo no sé qué misterio de ternura tiene esta dulcísima palabra [cubano], ni qué sabor tan puro sobre el de la palabra misma de hombre, que es ya tan bella, que si se la pronuncia como se debe, parece que es el aire como nimbo de oro, y es trono o cumbre de monte la naturaleza!”.
            En el mismo Liceo, pronuncia al siguiente día otro ferviente discurso, "Los Pinos Nuevos”, en una velada en memoria de los ocho estudiantes de medicina fusilados en La Habana colonial, el 27 de noviembre de 1871. “Lo que anhelamos es decir aquí con qué amor entrañable, un amor como purificado y angélico, queremos a aquellas criaturas que el decoro levantó de un rayo hasta la sublimidad, y cayeron, por la ley del sacrificio”, afirma en su panegírico.
            Clareó y cortejó, aun tratándose de los siempre apremiantes artículos periodísticos, la sensible elegancia del lenguaje en su espiración más pura. Desde sus primeros bostezos hasta la carta inconclusa a Manuel Mercado, que precediera su desaparición física, toda su obra es un derroche de lirismo, humilde franca probidad y primoroso desbordamiento de talento.
             Evocar a Martí es palpar el costado más sublime de las entrañas humanas, la entereza y la excelencia; saciar –trémulo hasta las lágrimas– "el hambre y sed de justicia" presentes en el espíritu del sermón de las bienaventuranzas, paradigma de una existencia consagrada al mejoramiento humano, al extremo de inmolarse por esa causa.

25 de enero de 2017

Yo vivía sin dueño: poesía ecológica


http://comohacerpara.com/conservar-las-flores-en-un-florero_6685h.html

Yo vivía sin dueño:

Yo vivía en  la hoja de un  tallo  que era hermana de un tiempo
cuando era una  flor de varios pétalos
menos que la flor  de la modernidad  que  no huele a pétalos
mientras los científicos pensaban encontrar a las abejas.
Yo vivía en el polen que es el néctar de los pétalos
con otro tallo  que hoy florece en centésimas por los fertilizantes
 en otra hoja      sin tallo y sin  pétalos
para  ser víctima del jardinero que comercia con plásticos.
Yo vivía en  la tierra cuando fui arrancada y trasplantada a jardineras
donde dejé de oler a flor y me manché con los aromas de las casas
olvidando el  aroma de la selva.
Yo vivía de la lluvia en otra época
 para vivir del agua con cloro en la selva de cemento.
Yo vivía sin dueño y era autor del libro de la jungla.
Ahora soy  el autor de unos gritos que se ahogan en un florero.

23 de enero de 2017

Yo juego a ser otro: poesía ecológica

http://carmenotaku.blogspot.com/2015/10/ecologia.html

Yo juego a ser otro:

Yo juego a ser otro con plumas y órganos
Del muerto caparazón salido de la vida
Y llegué tan hondo y ahogado que vomité el agua de la sangre.
 Ella me había hecho una promesa.
Después hallé a otro en mi lugar con mi voz pero sin el aliento
 De cuando fui hecho de reales sabores.
Yo juego a ser otro
De una planta desaparecida de los libros.
Pero las fotos dan muestras de que ella alimentó a los de antes.
Yo juego a ser otro

Sin saber que  fui único.